lunes, 8 de junio de 2020

Forman un escudo humano para proteger a un policía que estaba solo en medio de las protestas


El oficial Galen Hinshaw escuchó una llamada por radio. Uno de sus compañeros tenía problemas.



Manifestantes rodeando al oficial del Departamento de Policía del Metro de Louisville, Galen Hinshaw, frente al restaurante Bearno el jueves 28 de mayo de 2020, en Louisville, Kentucky. Cinco desconocidos, incluidos Julián De La Cruz, Ricky McClellan y Darrin Lee Jr., entrelazaron sus brazos para evitar que la multitud llegara hasta Hinshaw.
Manifestantes rodeando al oficial del Departamento de Policía del Metro de Louisville, Galen Hinshaw, frente al restaurante Bearno el jueves 28 de mayo de 2020, en Louisville, Kentucky. Cinco desconocidos, incluidos Julián De La Cruz, Ricky McClellan y Darrin Lee Jr., entrelazaron sus brazos para evitar que la multitud llegara hasta Hinshaw.
Una multitud de manifestantes había rodeado un vehículo de patrulla policial en la base del puente Clark Memorial Bridge en Louisville, EEUU.
El oficial que se encontraba dentro pidió ayuda por radio mientras los manifestantes, iluminados por las luces azules y rojas de la patrulla, golpeaban el capó y el parabrisas del automóvil.

Hinshaw, un policía de patrulla de la Cuarta División y parte del Equipo de Respuesta Especial del Departamento de Policía del Metro de Louisville, se acercó tanto como pudo a la escena con su vehículo. Cuando salió del automóvil, los manifestantes lo rodearon inmediatamente.

Algunos gritaban imprecaciones. Otros apretaban los puños.

Se abrió paso entre la multitud con 18 kilos adicionales de equipo de seguridad: un bastón, chaleco, casco y armadura.

Estaba solo.

A medida que la multitud aumentaba, Hinshaw se desvió hacia el frente de la pizzería Bearno para poder mantener la espalda contra la pared. Necesitaba un lugar donde detenerse para reevaluar la situación y asegurarse de que nadie estuviera a sus espaldas. También necesitaba vigilar a su colega atrapado.
Manifestantes rodeando al oficial del Departamento de Policía del Metro de Louisville, Galen Hinshaw, frente al restaurante Bearno el jueves 28 de mayo de 2020 en Louisville, Kentucky. Cinco desconocidos entrelazaron sus brazos para evitar que la multitud llegara hasta Hinshaw.
Cinco desconocidos entrelazaron sus brazos para evitar que la multitud llegara hasta Hinshaw.

Arriba, un helicóptero de la policía vigilaba e iluminaba la intersección ocasionalmente. Las sirenas perforaban el aire y los manifestantes gritaban cada vez más fuerte.

La ayuda más cercana de Hinshaw todavía se encontraba a unas cuadras de distancia.

La multitud se acercó y los gritos se volvieron más enfadados. Los manifestantes le gritaron preguntas.

“¿Eres uno de los buenos?”.

“¿Cómo crees que nos sentimos?”.

Una mujer gritó: “¡A fondo, sin frenos!”.

Intentó responder, pero el ruido de sirenas y gritos ahogó su voz.

“Nos importa, hombre, nos importa”, dijo.

Hinshaw intentó hacer razonar a la multitud.

“Lo siento, lamento que te sientas así”, gritó Hinshaw, intentando que su voz se abriera paso entre la ira de la multitud.

El hombre de 32 años estaba asustado.

Sabía que bastaba que una persona diera el primer paso para que todos se lanzaran sobre él.

Entrenaba una vez al mes con el Equipo de Respuesta Especial, pero esos entrenamientos no habían preparado a Hinshaw para lo que estaba viviendo. Si los manifestantes decidían atacarlo, eran demasiados.

“Aquí vamos”, pensó. “Me estoy preparando para que me lastimen”.

Hinshaw mantuvo la voz tranquila mientras decía por radio: “Charlie 12, esto es un 10-30. Necesitamos ayuda”. 10-30 es el código para un policía que necesita ayuda.

Observó las manos de la gente entre la multitud para asegurarse de que nadie tuviera un arma y buscó cosas que los manifestantes pudieran tirar desde la parte de atrás.

Fue en este momento cuando de la multitud salió un hombre con una mascarilla roja de la Universidad de Louisville cubriéndole la mitad inferior de la cara. Se colocó entre el manifestante más cercano y Hinshaw.

The Courier Journal captó ese momento en una fotografía que ahora ha sido compartida en todo el país.

El empresario local Darrin Lee Jr. vio a Hinshaw y la multitud que avanzaba y se unió al desconocido de la mascarilla roja.

“Cuando vi que el hombre con la mascarilla roja subió, me dije: ‘Tengo que subir’”, contó Lee, quien también dirige un centro de cuidado infantil. “Fue instintivo. Solo fui”.

No tenía ni idea de qué pasaría después.

“En ese momento solo pensé: ‘Protégelo. Realmente no es su culpa’”, dijo Lee.

A Lee también le preocupaba que Hinshaw reaccionara y lo golpeara por detrás, así que se giró para asegurarle al oficial de que iban a protegerlo.

“Se veía nervioso y asustado”, dijo Lee. “Si él entraba en pánico, allí afuera se hubiera producido una guerra”.

De repente, los manifestantes parecieron volverse contra Lee. Un hombre que había marchado con él durante casi toda la protesta estaba sorprendido. Otro le gritó en la cara: 

“¿Cómo puedes protegerlo?”.

Lee se puso nervioso.

Finalmente, cinco hombres formaron un escudo humano para proteger a Hinshaw. Ninguno de ellos se conocía. Nadie sabía el nombre del hombre que se encontraba a su izquierda o a su derecha. Tres eran afroamericanos, uno blanco y otro dominicano, todos entrelazaron sus brazos para evitar que lastimaran a Hinshaw, quien es medio paquistaní.

“Un humano estaba en problemas. Lo que es correcto, es lo correcto”, dijo Ricky McClellan, un trabajador de una fábrica de Old Louisville que estaba enganchado al brazo izquierdo de Lee.

Después de llegar al puente y observar que algunos manifestantes estaban tirándoles piedras a los vehículos de la policía, McClellan vio que Hinshaw estaba caminando alrededor del grupo y pensó: “Vaya, ¿estás solo?”.

Julián De La Cruz fue uno de los cinco desconocidos que unieron sus brazos para proteger al Oficial Galen Hinshaw y evitar que lo lastimaran durante la primera noche de protestas en Louisville.
Julián De La Cruz fue uno de los cinco desconocidos que unieron sus brazos para proteger al Oficial Galen Hinshaw y evitar que lo lastimaran durante la primera noche de protestas en Louisville.

McClellan observó cómo crecía la multitud alrededor de Hinshaw. Entonces oyó a Lee gritar: “¡Tomaros los brazos! ¡Tomaros los brazos!”.

Fue entonces cuando Julián De La Cruz vio que los hombres entrelazaban sus brazos y saltaron.

“Vi a los muchachos unirse y divisé un punto débil”, dijo De La Cruz, quien se puso al final de la barrera.

Estaba nervioso y asustado.

“Las cosas podrían haberse puesto muy feas”, dijo.

Toda la escena no duró más de dos minutos.

Sin embargo, a quienes estuvieron allí les pareció una eternidad.

Cuando el escuadrón de Hinshaw llegó, Lee lo escoltó de regreso hasta su unidad. Hinshaw le dio las gracias.

Para De La Cruz, un empresario local, ese momento versaba sobre la responsabilidad.

“La responsabilidad emerge cuando puedo responsabilizar a mis hermanos, cuando puedo marchar con ellos y encararlos para decirles: ‘Esto no está bien’”, dijo.

“A fin de cuentas, eso es todo lo que pedimos”, dijo De La Cruz, cuyo tío es un oficial de policía. “Lo que necesitamos es que esos grandes policías responsabilicen a sus hermanos y hermanas en todo momento”.

Aunque De La Cruz se siente orgulloso por esa noche, también sacude la cabeza y dice que ese no debería ser un evento extraordinario.

“Esa debería ser la norma”, afirmó. De La Cruz también cree que las imágenes de los medios sobre la violencia, el vandalismo y los saqueos tergiversan qué es Louisville y la protesta.

“Lo que sucedió en ese momento, cuando unimos nuestras fuerzas, fue solo uno de los muchos actos heroicos de esa noche”, dijo.

Espera que esos sean los momentos que definan a Louisville.

“Eso es Louisville”, dijo De La Cruz. “Louisville apareció esa noche”.

Lee estuvo de acuerdo.

“Nadie conocía a nadie, pero simplemente dimos un paso al frente y lo hicimos”, contó. “Si el oficial hubiera sido afroamericano, habríamos hecho lo mismo. Es el hijo de otra persona. Es el ser querido de otra persona”.

Hinshaw se ha comunicado con los hombres a través de las redes sociales y mensajes de texto, pero está ansioso por conocerlos a todos y agradecerles en persona.

George Timmering, copropietario de Bearno, dijo que será quien ofrezca una pizza cuando todos estén listos para conocerse.

“Esos hombres me salvaron”, dijo Hinshaw. “No cabe duda. Y estoy más que agradecido. Si no fuera por su intervención, por el hecho de que se dieron cuenta de que tenía problemas y me ayudaron, estoy seguro de que me habrían herido de una u otra manera”.

“Si no hubieran intervenido, me habría pasado algo”.

Hinshaw sigue emocionado por aquel momento.

“Ese incidente me ha hecho llorar”, confesó.

“Fue un momento en el que un grupo extraños se unió para ayudar a otro extraño, y ese extraño era yo”.


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